LA CRISIS DEL AGUA YA ES UNA BANCARROTA HÍDRICA MUNDIAL: LA ONU ALERTA SOBRE PÉRDIDAS IRREVERSIBLES EN RÍOS, GLACIARES Y HUMEDALES.
ESTUDIO. El concepto de bancarrota hídrica busca transmitir la urgencia para que los gobiernos del mundo tomen medidas para una nueva relación con el agua.
El planeta ha entrado a una nueva etapa en su relación con el agua: ya no se vive una crisis, sino una bancarrota hídrica mundial, es decir, que la disponibilidad del recurso ya no puede volver a la “normalidad” debido décadas de sobreexplotación, contaminación y mala gobernanza que han provocado daños irreversibles en ríos, lagos, acuíferos, humedales y glaciares esta es la conclusión del informe “Bancarrota hídrica global: vivir más allá de nuestros medios hidrológicos en la era post crisis”, publicado este 20 de enero por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el cual define este concepto como la condición crítica persistente de los sistemas de agua superficial y subterránea, en los que la extracción de recursos superan las entradas de agua dulce renovable y los límites de la reservas hídricas. Kaveh Madani, autor del estudio y director del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH), explica que aunque no todas las cuencas o países están en esta condición hay un número suficiente de sistemas críticos que ya repasamos límites “estos sistemas están interconectados a través del comercio, la migración, las retroalimentaciones climáticas y las dependencias geopolíticas, por lo que el panorama global de riesgos ha cambiado de manera fundamental”, sostuvo el investigador.
El reporte insiste en dejar de hablar de una “crisis” de agua o de “estrés” hídrico -que son situaciones temporales- y enfrentar una nueva realidad, en la que será necesaria una adaptación basada en la ciencia el reto, advierte el documento, es gobernar ahora un mundo que debe redefinir cómo repartir, proteger y utilizar el agua disponible, pues sostiene que sin compromisos internacionales, las consecuencias del desabastecimiento afectarán desproporcionadamente a campesinos, comunidades rurales, pueblos indígenas, mujeres, jóvenes y más grupos vulnerables. “Los gobiernos deben pasar con urgencia de la gestión de crisis a la gestión de la bancarrota”, advierte el informe que llama a adoptar estrategias que eviten más daños irreversibles a los sistemas hídricos, así como reducir y redistribuir la demanda.
¿CÓMO LLEGAMOS A LA BANCARROTA DEL AGUA? Para explicar la bancarrota hídrica, Madani pone el ejemplo de la quiebra financiera al señalar que las sociedades no sólo han gastado en exceso el ingreso de agua renovables proveniente de ríos, subsuelo y nieve, sino que también han agotado sus reservas o “ahorros” de agua a largo plazo contenida en acuíferos, glaciares, humedales y otros reservas naturales el especialista comenta que hay escenarios que se cumplen actualmente para hacer esta declaratoria el primero es que se han explotado tanto los recursos hídricos renovables o de lenta recuperación, como aguas subterráneas y glaciares en segundo lugar, sostiene, la reservas de agua en muchos lugares están “sistemáticamente sobregiradas” por que se extraen cantidades que superan las entradas renovables y los límites de agotamiento seguro durante años o décadas. Como resultado, expone Madani, está el tercer elemento: parte del daño es irreversible “la restauración completa de los niveles previos de suministro de agua y la función ecosistema ática ya no es un objetivo realista, incluso con intervenciones sustanciales y condiciones climáticas favorables”, señala sin embargo, precisa que hacer este diagnóstico es necesario para gestionar una situación que ya rebasa la crisis y establecer una relación más sostenible entre la sociedad y el agua.
NÚMEROS ROJOS POR ACTIVIDADES HUMANAS. El informe destaca que la bancarrota indica en el mundo es impulsada por las actividades humanas, pues advierte que la sequías están cada vez más vinculados a procesos como la agotamiento de acuíferos, la degradación de tierras y suelos, la deforestación, la contaminación y la crisis climática la alteración y pérdida de los cuerpos de aguas superficiales representan una alerta, pues están desapareciendo a un ritmo es precedentes de acuerdo con el informe, más de la mitad de los grandes lagos del mundo han disminuido sus niveles de principios de 1990, lo que afecta a casi una cuarta parte de la población mundial que depende directamente de ellos. Además, cerca del 35% de los humedales naturales se han perdido en el mundo desde 1970 estos ecosistemas están desapareciendo tres veces más rápido que los bosques, junto con sus funciones de almacenamiento de agua, de acuerdo con un estudio el documento estima que en 50 años se han perdido aproximadamente 410 millones de hectáreas de humedales naturales, eso equivale casi en la superficie terrestre de la Unión Europea esto también representa la pérdida de 5000 millones de dólares en beneficio proporcionados por la naturaleza.
“La pérdida de humedales está contribuyendo a los descensos más pronunciados de biodiversidad entre todos los tiempos de ecosistemas, así como aumento en la frecuencia e intensidad de tormentas de arena y polvo en algunas regiones, con importantes implicaciones económicas y para la salud” advierte el informe, para Marlene Quintanilla, consultora independiente y especialista en evaluación de recursos hídricos, desde 2020 estos impactos ya se reflejan en latinoamérica con un aumento en la frecuencia, duración y severidad de la sequías, superando los registros históricos de hace 30 años “estos eventos ya no pueden ser explicados únicamente por vivir habilidad climática natural, si no por la convergencia de múltiples presiones ambientales y antrópicas, como el caso de Bolivia, donde la deforestación los incendios incrementaron significativamente”, explica la especialista Mongabay Latam, Quintanilla señala que estos eventos impactan directamente en el ciclo del agua a nivel local y regional, especialmente en un país como Bolivia que depende del buen estado y salud de los bosques y humedales. “Cuando el bosque se deteriora el balance del agua se altera porque ya no es alimentada con la cantidad oportuna de humedad de los bosques y humedales proveen”, sostiene.
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